martes, 24 de septiembre de 2013

Visita al San Mamés eibarrés



Los alumnos de La Salle Azitain visitan a la Sociedad Deportiva Eibar

Marta Romero Salgado
   El patio del colegio La Salle de Eibar aguarda vacío a más de cien niños que, minuto a minuto van haciendo de él un lugar abarrotado y ruidoso. Todos los niños calzan zapatillas coloridas de fútbol, y camisetas a rayas azules y rojas. Algunos, incluso, llevaban banderas del S.D. Eibar. Se les ve nerviosos e inquietos por poder conocer las instalaciones del club. Una de las niñas se encontraba con un cuaderno en blanco y explicaba a sus amigas: “es para que firmen los jugadores”.
    
    Los monitores comienzan a llamar a los grupos de niños por clases. Todos corren hacia su monitor con el fin de salir cuanto antes del colegio. Los alumnos caminan junto a ellos hasta el campo. Allí los espera el equipo del S.D. Eibar en su entrenamiento y Germán Andueza, delegado del equipo, que se prestaría a enseñar las instalaciones. Los niños siguieron al hombre al que apenas se le podía oír debido al alboroto formado por los pequeños.

    Los pasillos se convierten difícilmente transitables. Todos quieren verlo todo, no perderse nada. Los monitores, sin embargo, se encuentran más preocupados de no dejarse a ninguna criatura por el camino.

    Los niños lo tienen claro, “el cuarto donde guardan los jugadores sus botas es el más chulo”. Las niñas se decantan, sin embargo, por el jacuzzi. El delegado se adentra en la marabunta de niños y consigue abrir una de las últimas salas que quedaba a los niños por ver. En esta ocasión el cuarto donde descansan los futbolistas. Los pequeños ilusionados se acercan a la cama de su jugador preferido. El delegado ahora ya se da por vencido. Ya no intenta que los niños lo escuchen. Ahora se dedica a abrir y cerrar puertas para que los niños entren a las diferentes salas de las que dispone el equipo eibarrés.

    Algunos niños están ya cansados de ver las instalaciones. Están impacientes por lograr un autógrafo de su jugador favorito. El entrenamiento del equipo se alarga y, mientras tanto, los niños gritan desde las gradas del campo apoyándolos. Cantan el himno hasta aburrirse y se entretienen en la espera buscando en el póster que les ofreció el club su jugador preferido. Los pósters en la espera se convierten por arte de magia en espadas, megáfonos, catalejos, teléfonos... alguno que otro no llegaría con el póster entero a casa. Otros, acabaron haciéndose daño con las “espadas”. Es por esto que los monitores decidieron prohibir el uso de estas para evitar heridos.

    Finalmente, los futbolistas toman un descanso. Los monitores les acercan unos bolígrafos y los niños comienzan a hacer cola para conseguir su ansiada firma. Muchos luchan por conseguir el mayor número de ellas posible. Y, otros, no se atreven a pedir ninguna. Los monitores intentan mantener las filas en orden para que no haya ninguna disputa por adelantarse a lo largo de ella. Las monitoras por su parte, se entretienen logrando fotografías con los futbolistas más guapos de la plantilla.

De vuelta

    Todos los alumnos consiguieron al menso una firma. Los monitores vuelven a llamar clase a clase y los alumnos van haciendo pequeños grupos. Vuelven ordenadamente al patio del colegio que más temprano habían abandonado. Allí los esperan los padres, los abuelos y los hermanos. Todos preguntaban a ver qué les había parecido y, excepto algún que otro poco aficionado al fútbol, el resto se sentía satisfecho.

    La niña que a la mañana temprano enseñaba su cuaderno al resto de compañeros ahora lo hacía a su abuelo. “Mira todas las que he conseguido”, grita la niña sonriente. Y es que la mayoría admitía que se lo había pasado en grande. Los monitores se encuentran cansados tras una intensa mañana, pero les recompensa saber que la salida ha sido todo un éxito. “Repetiremos la salida el año que viene”, dice la el director de La Salle Azitain.





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