Los
alumnos de La Salle Azitain visitan a la Sociedad Deportiva Eibar
Marta Romero Salgado
El
patio del colegio La Salle de
Eibar aguarda vacío a
más de cien niños que, minuto a minuto van
haciendo de él un lugar abarrotado y ruidoso. Todos
los niños calzan zapatillas coloridas de fútbol,
y camisetas a rayas azules y rojas. Algunos, incluso, llevaban
banderas del
S.D.
Eibar.
Se les ve nerviosos e inquietos por poder conocer las instalaciones
del club. Una de las niñas se encontraba con un cuaderno en blanco y
explicaba a sus amigas: “es para que firmen los jugadores”.
Los monitores comienzan a llamar a los grupos de niños por clases. Todos corren hacia su monitor con el fin de salir cuanto antes del colegio. Los alumnos caminan junto a ellos hasta el campo. Allí los espera el equipo del S.D. Eibar en su entrenamiento y Germán Andueza, delegado del equipo, que se prestaría a enseñar las instalaciones. Los niños siguieron al hombre al que apenas se le podía oír debido al alboroto formado por los pequeños.
Los
pasillos se convierten difícilmente transitables. Todos quieren
verlo todo, no perderse nada. Los monitores, sin embargo, se
encuentran más preocupados de no dejarse a ninguna criatura por el
camino.
Los
niños lo tienen claro, “el cuarto donde guardan los jugadores sus
botas es el más chulo”. Las niñas se decantan, sin embargo, por
el jacuzzi. El delegado se adentra en la marabunta de niños y
consigue abrir una de las últimas salas que quedaba a los niños por
ver. En esta ocasión el cuarto donde descansan los futbolistas. Los
pequeños ilusionados se acercan a la cama de su jugador preferido.
El delegado ahora ya se da por vencido. Ya no intenta que los niños
lo escuchen. Ahora se dedica a abrir y cerrar puertas para que los
niños entren a las diferentes salas de las que dispone el equipo
eibarrés.
Algunos
niños están ya
cansados de ver las
instalaciones. Están
impacientes por lograr un autógrafo
de su jugador favorito. El entrenamiento del equipo se alarga
y, mientras tanto, los niños gritan desde las gradas del campo
apoyándolos. Cantan el himno hasta aburrirse y
se entretienen
en la espera buscando en el póster que les ofreció el club su
jugador preferido. Los
pósters
en la espera se convierten
por arte de magia en
espadas, megáfonos, catalejos, teléfonos... alguno que otro no
llegaría
con el póster entero a
casa. Otros, acabaron
haciéndose daño con las “espadas”. Es
por esto que los
monitores decidieron
prohibir el uso de estas
para evitar heridos.
Finalmente,
los futbolistas
toman un descanso. Los monitores les acercan unos bolígrafos
y los niños comienzan
a hacer cola para conseguir su ansiada firma. Muchos
luchan por conseguir el mayor número
de ellas posible. Y, otros, no se atreven
a pedir ninguna. Los monitores intentan mantener las filas en
orden para que no
haya ninguna disputa por
adelantarse a lo largo de ella. Las monitoras por su parte, se
entretienen
logrando fotografías
con los futbolistas más guapos de la plantilla.
De
vuelta
Todos
los alumnos consiguieron al menso una firma. Los monitores vuelven a
llamar clase a clase y los alumnos van haciendo pequeños grupos.
Vuelven ordenadamente al patio del colegio que más temprano habían
abandonado. Allí los esperan los padres, los abuelos y los hermanos.
Todos preguntaban a ver qué les había parecido y, excepto algún
que otro poco aficionado al fútbol, el resto se sentía satisfecho.
La
niña que a la mañana temprano enseñaba su cuaderno al resto de
compañeros ahora lo hacía a su abuelo. “Mira todas las que he
conseguido”, grita la niña sonriente. Y es que la mayoría admitía
que se lo había pasado en grande. Los monitores se encuentran
cansados tras una intensa mañana, pero les recompensa saber que la
salida ha sido todo un éxito. “Repetiremos la salida el año que
viene”, dice la el director de La Salle Azitain.
No hay comentarios:
Publicar un comentario